México resiste la tormenta arancelaria y consolida su lugar en la cadena productiva de Norteamérica
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En el ajedrez del comercio internacional, no basta con conocer las reglas; importa, sobre todo, la posición en el tablero. Eso explica por qué, en medio de una nueva ola de tensiones comerciales impulsadas desde Washington, México logró aumentar 6% su comercio con Estados Unidos entre enero y noviembre de 2025, mientras Canadá vio retroceder el suyo 7%.
Las cifras del Departamento de Comercio estadounidense son elocuentes: las compras de bienes mexicanos sumaron 492,513 millones de dólares, frente a 351,186 millones provenientes de Canadá. El contraste es más significativo si se considera que México enfrentó una tasa arancelaria efectiva mayor —entre 3.8% y 4.7%—, mientras que la de Canadá osciló entre 1.8% y 3.7%, según estimaciones del Penn-Wharton Budget Model de la Universidad de Pensilvania.
La clave no estuvo en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), sino en la función que cada economía desempeña dentro de la arquitectura productiva de la región.
El peso de la tasa efectiva
La tasa arancelaria efectiva no refleja el anuncio político, sino el costo real que paga el importador. Es un indicador más preciso del impacto de la política comercial. Y bajo ese parámetro, México parecía estar en desventaja.
Sin embargo, el comercio resistió. La presión arancelaria vinculada al fentanilo y la migración —activada mediante la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA)— obligó a ambos socios a reforzar su cumplimiento con el T-MEC.
En enero de 2025, el nivel de apego de México al tratado era de 45.1% y el de Canadá de 34.3%. Para octubre, ambos rozaban el 90%.
El marco jurídico funcionó como escudo institucional. Pero no todos los escudos pesan lo mismo cuando la estructura productiva detrás es distinta.
Manufactura vs. materias primas
La diferencia decisiva fue la composición de las exportaciones. Las compras automotrices estadounidenses cayeron tanto para México como para Canadá. Sin embargo, México logró compensar con un salto de 47% en bienes de tecnologías avanzadas, un sector que hoy concentra el dinamismo industrial global: componentes electrónicos, equipos de precisión y manufacturas de alto valor agregado.
Canadá, en cambio, depende en mayor medida de las exportaciones energéticas. Y en 2025, su principal carta —el petróleo— jugó en contra. Las importaciones estadounidenses de crudo canadiense disminuyeron cerca de 20%, no tanto por efecto arancelario sino por la caída del precio internacional del petróleo. Cuando el ciclo de commodities se debilita, las economías más expuestas a materias primas sienten el golpe con mayor intensidad.
México, por el contrario, ha profundizado su integración a la manufactura norteamericana. El fenómeno de relocalización de cadenas productivas (nearshoring), acelerado desde la pandemia y las tensiones con China, reforzó su papel como plataforma industrial estratégica para el mercado estadounidense.
Más allá del T-MEC
El tratado ofrece el andamiaje común, pero no determina el peso específico de cada socio. México ha superado tanto a China como a Canadá para consolidarse como el principal socio comercial de Estados Unidos. Esa posición no es producto exclusivo de preferencias arancelarias, sino de una inserción más profunda en las cadenas de suministro regionales.
La lección para el comercio internacional es clara: en un entorno de tensiones geopolíticas y uso recurrente de instrumentos como la IEEPA, la resiliencia no depende únicamente de la tasa arancelaria, sino del grado de integración productiva y del valor agregado que cada país aporta a la cadena.
México no fue inmune a la presión. Pero supo convertir su integración manufacturera en amortiguador. Canadá, más expuesto al ciclo energético, enfrentó un escenario menos favorable.
En la nueva etapa del comercio norteamericano, el T-MEC sigue siendo el marco. Pero la verdadera ventaja competitiva se juega en el terreno de la estructura productiva. Y ahí, al menos en 2025, México mostró una posición más sólida en el tablero regional.

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