La pandemia y la industria de los chips


La pandemia de Covid-19 no sólo ha abarrotado los hospitales, arruinado gran parte de la industria turística y llevado a la bancarrota a miles de negocios que dependen de un flujo constante de gente libre de cuarentenas y distanciamientos sociales. Esta pandemia también ha afectado la tecnología, de la cual nos hicimos aún más dependiente durante el confinamiento. El trabajo y la educación a distancia dispararon drásticamente la necesidad de poseer una computadora, una Tablet, un Smartphone, una buena conexión a internet, etc. Sin embargo, la industria tecnológica sufre una escasez de chips que, según los expertos, durará años, y la cual está perjudicando a diversas industrias que, por muy diferentes que sean, dependen de este elemento. Como consecuencia, el consumidor tiene que enfrentar una ingente subida de precios y una carestía en el stock de productos de variada índole en almacenes y tiendas.

Los microchips son un componente esencial de los dispositivos inteligentes. Prácticamente se encuentran en todo, desde lavadoras hasta teléfonos inteligentes, pasando por automóviles, videojuegos y maquinaria industrial. Un análisis de Goldman Sachs describe como esta escasez ha afectado de una u otra manera al menos a 169 industrias diferentes.

El desajuste entre la demanda y la oferta de estos elementos es una consecuencia directa del confinamiento causado por la Covid-19. Tanto en Taiwán como en todo el mundo, el personal de fábricas de semiconductores no pudo ir a trabajar durante los primeros meses del 2020. Consecuentemente, la producción se detuvo, lo que provocó una falta de suministro mientras aumentaba la demanda de microchips. La producción de circuitos integrados también se vio afectada por restricciones más estrictas en los puertos y las fronteras internacionales, llevándonos así a la crisis en que nos encontramos, y la cual parece no tener un final a la vista en el corto plazo.


De acuerdo con Acer, uno de los fabricantes de computadoras portátiles más grandes del mundo, las empresas aún se verán afectadas por esta carestía al menos hasta la primera mitad de 2022. También, una investigación de Bank of America arroja los mismos resultados; la falta de semiconductores se extenderá hasta 2022 principalmente debido al despliegue de la infraestructura 5G, la cual aumentará la demanda de esos componentes aún más.


Los automóviles nuevos a menudo incluyen más de 100 microprocesadores y los fabricantes simplemente no pueden obtenerlos todos. Se estima que, en 2021, la industria automotriz tenga perdidas alrededor de US$64.000 millones en ventas porque ha tenido que cerrar o reducir la producción de autos de acuerdo a la consultora AlixPartners.



El país más afectado es China porque fabrica más automóviles que cualquier otra nación. Los líderes chinos están redoblando sus esfuerzos por ser autosuficiente en semiconductores, aumentando así la tensión geopolítica con los Estados Unidos debido a que el país norteamericano posee los mejores conocimientos técnicos de toda la industria. Sin embargo, Taiwán y Corea del Sur dominan la producción mundial de circuitos integrados. La producción de estos países representa el 83% de la fabricación mundial de chips de procesador y el 70% de los chips de memoria según el economista Lombard Rory Green.


Muchos fabricantes han tomado la decisión de expandirse para hacer frente a esta crisis. En mayo de 2021, TSMC confirmó que se disponía a abrir seis fábricas de chips en Arizona, Estados Unidos mientras que Intel busca terrenos en Europa para abrir fábricas e invertir US$20,000 millones entre varios países con el objetivo de duplicar su producción de semiconductores para 2030, lo que llegaría a suponer el 20% de la fabricación mundial. No obstante, abrir estas factorías no es sólo caro, sino también lento. Por ejemplo, las nuevas instalaciones que TSMC planea abrir en Arizona empezarían a funcionar a partir de 2024.

La frágil economía actual no sólo experimenta una dramática subida de precios causada por la inflación y la escasez de materias primas, sino también, por la falta de semiconductores a nivel mundial. Irremediablemente, el consumidor será el que pague el costo final de esta escasez mientras que nuestra dependencia hacia los chips aumentará a medida en que adoptemos la internet de las cosas y el 5G, cambios tecnológicos que se encuentran a la vuelta de la esquina.

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